Cuando escuchó lo que dije, Jeison volteó la cabeza despacio hacia mí.
Ya era completamente de noche.
Alrededor de la casa rodante, las luces estaban prendidas e iluminaban bien ese pequeño grupo de tiendas.
La luz blanca le daba en la cara, resaltando todavía más el aire siniestro de sus facciones.
Sus ojos oscuros, penetrantes, tenían algo amenazante que me ponía la piel de gallina.
Poco a poco, su mirada bajó hasta mi vientre.
Y esa sensación inquietante se volvió algo más intenso, opresivo,