Capítulo 1669
Después destapé otra botella de agua para que tomaran.

Desde que la camioneta se había detenido, no había vuelto a arrancar; no sabía si planeaban descansar un rato ahí. De repente, Embi me tocó los labios y me metió el pedacito de pan que había arrancado:

—Mami, come tú también.

Sonreí y le sobé la cabeza, aunque por dentro sentía miedo y una amargura que me oprimía el pecho.

¿Qué debía hacer?

Si no encontraba una oportunidad para escapar en el camino, cuando llegáramos a ese lugar desconocido,
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