Ver esto dejó a Josiah, que estaba ahí al lado, temblando como una hoja con la brisa.
De repente, Javier prendió un cigarrillo.
En ningún momento miró a Camila; solo miraba la noche por la ventana mientras fumaba en silencio.
Carlos, en cambio, parecía haber llegado al límite. De un tirón la agarró del cuello de la camisa y le gritó desesperado:
—¡Habla! ¿Dónde están mi hermana y los niños? ¡Dilo de una vez!
—¡Ja, ja, ja... ja, ja, ja...!
Pero cuanto más desesperados estaban ellos, con más arrog