Fue justo esa frase la que me cayó encima como un balde de agua fría; me quedé paralizada hasta la médula por el impacto. Javier me preguntó:
—¿Quieres que Mateo vea el video de esa noche en la que estuvimos juntos?
No había escuchado mal, eso fue exactamente lo que me dijo. Era una frase tan sucia y descarada que me dio muchísima rabia. Lo miré sin poder creerlo, temblando de coraje y de dolor.
—Javier, tú... ¡eres un cínico! —le grité.
Él me miró, calmado, con una sonrisa que no parecía sincer