Me detuve y me acerqué despacio para escuchar mejor.
Alan decía:
—Te lo advierto, no le digas a Mateo que Aurora no quiso venir a verlo.
Indira, indignada y confundida, respondió:
—¿Por qué no? Ella nunca sintió nada por Mateo; nunca le importó. ¿Por qué ocultárselo? Ustedes creen que lo protegen, pero lo único que hacen es hundirlo más en el dolor.
—Ay, niña, ¿qué vas a entender tú? —le respondió Alan, impaciente.
—¡Ya soy adulta, me gradué de la universidad! ¿Qué “niña”? Además, lo que digo es