—¡Mentira! ¡Son puras mentiras! —gritó Camila, fuera de sí—. ¡Aurora, los trajo para actuar y calumniarme! ¡Yo no los conozco, nunca los he visto!
El hombre del brazo amputado se rio con crueldad:
—Nosotros, en este negocio, siempre dejamos un seguro. Aquí está la prueba —dijo con crueldad, antes de sacar una memoria USB y entregársela a Bruno.
Camila temblaba sin control mientras se agarraba el pantalón de Javier, que seguía inmóvil, con expresión distante.
Bruno conectó la memoria a la computa