Asentí, aunque todavía tenía cierta inquietud.
—Miles, los de Camila eran casi todos subordinados de Jeison. Si ustedes ya se deshicieron de ellos, tengo miedo de que, cuando Jeison lo descubra, tome alguna medida.
Él respondió con calma:
—Tranquila. Nuestros hombres trabajaron de manera muy ordenada y en silencio. Jeison aún no sabe nada. Cuando lo descubra, ya va a ser demasiado tarde.
En ese instante, el teléfono de Camila empezó a sonar y Miles me lo entregó. Vi la pantalla: era Carlos. Si C