El salón de la boda estaba decorado de forma muy lujosa; por donde mirara, todo brillaba como un diamante. Había vino y champaña en abundancia, y hasta lo que había en la mesa de aperitivos era carísimo.
En la enorme pantalla LED se proyectaban las fotos de boda de Carlos y Camila. Nadie imaginaba que, mientras lucía pura y elegante en su vestido blanco, Camila estaba, en realidad, revolcándose con tres indigentes sucios.
Mi llegada como novia hizo que el salón se calmara un poco. Levanté la mir