Javier acarició mi cara, con su mirada llena de afecto:
—Si desde ahora te conviertes en mía, si por fin estamos juntos de verdad, no creo que sigas resistiéndote a mí. Cuando tengamos hijos, seremos una familia feliz. En ese momento, habrás olvidado a Mateo. Ya no vas a pensar en él, sino en mí y en nuestros hijos. Así que, Aurora, no es que no me ames o que no puedas aceptarme, es que no hemos tenido una relación real, ¿verdad? Si yo también soy tu hombre...
—¡No, no lo hagas! —interrumpí ense