—Ja, tu resentimiento sigue siendo bastante fuerte —volvió a reírse Waylon.
—Señor Dupuis, no diga eso. ¿Cómo me atrevería yo a resentirme? Todavía estoy contando con su ayuda —respondí.
—No te equivocas —dijo Waylon entre risas—. Cualquier barco que salga de nuestro lado tiene gente mía a bordo. Pero no he recibido ninguna noticia de que ese hombre haya ido a Ruitalia.
—Exacto —interrumpió Henry, otra vez—. Ese hombre jamás iría a Ruitalia por una Camila. Él debe de estar buscando el regalo par