Fingí malestar y dejé los cubiertos sobre la mesa.
—Me duele un poco el estómago. Coman tranquilos, voy a subir a descansar.
Sin esperar respuesta, me levanté y subí las escaleras.
A mis espaldas escuché la voz de Carlos, con un tono de reproche:
—Mira lo que hiciste; hiciste que Aurora se molestara. Javier acaba de irse y ella debe sentirse mal, y tú le hablas así.
—¿Y yo qué sabía? Solo le dije un par de cosas. Además, fue ella la que lastimó a mi hermano; no dije ninguna mentira.
Ya en mi hab