De cualquier forma, Camila ya no sospechaba de la cruz de mi papá y de Carlos.
El carro llegó pronto a la casa de Carlos.
Yo le había dicho que, una vez terminada la boda de Camila y Carlos, volvería a su casa para empezar nuestra vida de pareja.
Él había aceptado.
Cuando llegamos a la casa, solo había algunos empleados trabajando; mi papá no estaba por ningún lado.
Después de acompañarme hasta mi habitación, Javier no se fue.
Por culpa de Embi y Luki, mi ánimo estaba por el suelo. Me sentía ago