—Aurora... —Javier me ayudó a levantarme y me miró con preocupación.
—¿Estás bien?
Le dije que no y sonreí con tristeza:
—Embi y Luki me odian.
—Solo fueron palabras dichas por enojo. En unos días se les iba a pasar. Tú sabes que te adoran; era imposible que te odiaran.
A un lado, Camila sonrió con desprecio:
—Ay, ¿y qué tiene eso? Cuando tengas un hijo con mi hermano, ya no va a importar si ellos te quieren o no.
—¡Camila! —Javier le dijo con tono de advertencia.
—No vuelvas a hablar así.
Camil