Los dos niños bajaron la cabeza con tristeza, sin decir nada.
Embi lloraba:
—Pero extraño mucho a mami... Quiero que mami me cuente cuentos, quiero dormir con mami.
Cuando vi las caritas tristes de los dos niños, sentí un dolor en el pecho; fue tan fuerte que casi no pude respirar.
Javier me miró de reojo y, después de unos segundos, volteó hacia Mateo y dijo con calma:
—No tenemos prisa, solo vinimos al centro comercial para acompañar a Camila a comprar algunas cosas para la boda. Si no te mole