Ya les había entregado las tres cruces, y como nadie sospechó, no dije nada más.
Solo mencioné que estaba muy cansada y subí directamente a descansar.
Javier me miró, parecía querer decir algo, pero se detuvo cuando llegué a la esquina de las escaleras.
Cuando doblé en la esquina, lo vi parado ahí, con la mirada fija, lleno de tristeza y culpa.
En realidad no había dicho nada incorrecto.
En su subconsciente siempre había preferido a Camila.
Estaba dispuesto a protegerla y a creerle.
Si yo estuvi