Disimuladamente, apreté los puños, con una sonrisa amarga.
Claro, Javier podía decir lo que fuera, que ya no iba a meterse por su hermana… pero, en el fondo, seguía cediendo a todo lo que Camila le pedía.
Aun así, para mi sorpresa, Camila no aceptó su propuesta.
—A finales de enero, esa boda se va a celebrar como estaba planeado —dijo, firme.
—No solo voy a casarme, también voy a conseguir a Mateo.
Me burlé en silencio. Qué grande era su ambición.
Quería quedarse con Mateo, sí; pero eso implicab