—No es por eso —dije en voz baja.
Todavía no era momento de explicar nada.
—Hay cosas que no vas a entender —añadí.
—Solo hazme caso esta vez, Alan. Esto no es una simple pelea entre Mateo y yo. Si lo encuentras, por favor no le digas que te llamé. Haz como si no hubiéramos hablado.
—Ay… —suspiró.
—Está bien, como tú digas.
Colgué y de inmediato le mandé las fotos de Mateo tomando en el bar.
Alan era cliente habitual de esos lugares, conocía los bares famosos de Ruitalia, así que con ver las imá