Varias veces quise contarle todo a Javier. Decirle que estaba fingiendo haber recuperado la memoria, explicarle por qué y pedirle que me ayudara a seguir con la farsa. Seguro habría aceptado.
Pero había algo que complicaba todo: Camila.
Ella seguía siendo su punto débil.
Aunque Javier me prometió que ya no la iba a proteger ni se iba a meter en sus asuntos, sabía bien que, cuando llegara el momento, igual iba a salir en su defensa.
En su corazón, esa hermana todavía tenía un lugar que yo nunca i