Apreté con fuerza las sábanas y, llorando, le grité con rabia:
—¿Qué quieres que haga? Desde el principio el que me gustaba era Javier. Luego, cuando perdí la memoria, fue cuando empecé a estar contigo. Pero ahora que he recordado todo, que volví a sentir lo que sentía por Javier, no puedo olvidarlo. Quiero estar con él, cumplir la promesa que hicimos cuando éramos jóvenes. ¿Y eso qué tiene de malo?
Mateo se quedó inmóvil.
Le temblaron los dedos y se le fue el color de la cara.
Ese blanco extrem