Temprano en la mañana, Embi y Luki entraron corriendo a mi habitación y me sacudieron para despertarme.
—¡Mami, mami! ¡Hoy es Navidad! ¡Despierta! —gritaban, emocionados.
Desperté a medias, todavía perdida entre las sábanas. Busqué el teléfono y vi la hora. Eran poco más de las ocho.
Estos dos niños se habían levantado demasiado temprano.
Me di vuelta para seguir durmiendo. La verdad era que después de lo de anoche con Mateo, tenía el cuerpo cansado y solo quería descansar.
Pero ellos no lo ente