—¿Sabes hacer manualidades? —yo evidentemente dudé.
Mateo sonrió con picardía y me pellizcó la cintura.
—¿Otra vez dudando de mí?
—¡Ah... no, no! ¡Me haces cosquillas! —me reí tratando de apartarlo.
Me miró intensamente y esa mirada me erizó la piel.
No... ¿no sería que otra vez quería...?
Justo cuando ese pensamiento me cruzó la mente, me soltó y rozó mi nariz con la suya.
—Duerme un poco más —murmuró—. Yo me encargo de los niños.
Yo dije que no.
Aunque hacía un momento me moría de sueño, las c