Mateo se rio y, con cariño, le acarició la cabecita a Embi.
—Está bien, tú me enseñas. La próxima seguro gano.
A un lado, Luki se rio fuerte.
—No tan rápido. Yo soy mejor que los dos juntos, solo los estaba dejando ganar.
Verlos tan felices me dio ganas de meterme al juego.
Pero, para mi desgracia, nunca había jugado dominó... y se notó.
Después de varias rondas, la que perdió una y otra vez fui yo.
Embi suspiró, con una seriedad que daba ternura.
—Ay, tú le sabes hasta menos que papá... mejor t