—¡Basta! —gritó Carlos, interrumpiéndome en seco.
Tenía los ojos rojos y me miraba desesperado.
—Solo quiero que me digas dónde está. ¿A quién la llevaste a ver?
En ese momento, Carlos ya no escuchaba nada más.
Se aferraba al mundo de mentiras que Camila le había armado.
Quizá, en el fondo, sabía que ya no había vuelta atrás.
Era mi hermano, el que más amé desde niña.
Verlo así... me rompía por dentro.
Reprimí la tristeza que me subía al pecho y respondí, seria:
—No sé dónde está. Lo único que s