El teléfono sonó y era la voz de mi papá.
Hablaba con ese tono cuidadoso, como tratando de tranquilizarme.
Me preguntó:
—Aurorita, ¿qué estás haciendo? ¿Estás con Mateo otra vez?
No sé por qué, pero al escucharle ese tono tan fingido y justo mencionar a Mateo, algo dentro de mí se encogió.
Pregunté con seriedad:
—¿Para qué me llamas?
—Es que, Aurorita, estuve metido en un proyecto con alguien, pero salió mal y perdí... —dijo, con la voz cargada de preocupación.
Respondí, molesta:
—¿Y ahora quier