La voz de Javier sonaba tranquila:
—Me dijeron en recursos humanos que no fuiste a trabajar hoy, ¿cómo te sientes?
Ahí recordé que tenía que ir a la oficina, pero con todo lo de la abuela se me olvidó avisar.
No entendía por qué Javier, el presidente, me llamaba solo porque falté. Tal vez era porque hoy teníamos esa reunión del proyecto.
Me sequé rápido las lágrimas de la cara y traté de sonar lo más normal posible:
—Perdóname, Javier, hoy tuve un problema muy grave y creo que no voy a poder ir.