Furiosa, Camila se puso de pie de un salto:
—Señor Dupuis, no se olvide de todo lo que me prometió antes.
¿Al fin iban a pelear?
Llena de expectativa, sonreí, me recosté en el respaldo de la silla y los miré como si estuviera viendo una obra.
Waylon soltó una bocanada de humo y, con desprecio, respondió:
—Qué gracioso. ¿Qué iba yo a prometerle a algo como tú?
Camila agarró el borde de la mesa con rabia y le habló a Waylon, con un tono lleno de rabia, mientras le lanzaba una mirada asesina:
—Ante