Su voz sonó ronca, como la de un demonio furioso.
Cada palabra venía cargada de resentimiento y rabia guardada.
A juzgar por el tono, Camila debía estar tan enfurecida que le hervía la sangre.
Waylon alzó la vista, con una sonrisa burlona:
—¿Qué pasa, Camila? ¿Tienes algo que decirme?
Cuando lo oyó, Camila cambió por completo la expresión.
Se mordió el labio y se puso en plan de víctima, casi por llorar, pero antes de hablar, Waylon volteó y entró al salón privado sin darle oportunidad de decir