Sin embargo, ese día, el estacionamiento estaba casi vacío.
Al parecer, Waylon llegó antes y reservó toda la cafetería.
En efecto, apenas crucé la puerta, el gerente me avisó que Waylon ya estaba ahí, justo en el salón privado que yo había apartado.
También me dijo que cerraron el lugar para uso exclusivo suyo y que apenas lo habían despejado.
Cuando levanté la vista, confirmé que en toda la planta baja no había ni un cliente.
Ya me lo imaginaba.
Por suerte, Mateo mandó a su gente a distribuirse