Con Waylon moviendo los hilos por detrás, esto no podía ser una simple “tontería”.
Seguramente fingía calma para que yo no me preocupara, así que se mostraba sereno delante de mí.
Mateo sirvió la comida en la mesa y sonrió.
—Te traje todo lo que te gusta y está caliente; cómelo ya.
Bajé la vista y contuve la angustia. No lo confronté.
Si él quería verme feliz y sin preocupaciones, así sería; al menos no tendría que distraerse pendiente de mi ánimo.
Después de comer, Mateo se fue al despacho. Yo