Carlos, visiblemente molesto, se quedó tenso.
Pero Camila ni se inmutó.
Seguía sonriendo con una amabilidad tan exagerada que daba mala espina.
Como dice el dicho: "Si alguien actúa extraño, no es buena señal".
Y conociendo a Camila, estaba segura de que tramaba algo.
La miré con atención, con esa alerta que siempre me provocaba.
No me asustaba ella, sino sus métodos: retorcidos, silenciosos, imposibles de prever.
Cuando caías en una de sus trampas, el daño era inevitable.
Por eso, cada vez que