En ese momento, Mateo acababa de ducharse. Ya había cerrado la regadera y ni siquiera había alcanzado a ponerse la toalla. Cuando abrí la puerta del baño, lo primero que vi fue su pecho marcado y su cintura delgada, y más abajo...
El vapor llenaba todo el baño. Las gotas de agua bajaban por su pecho, una a una, siguiendo los músculos bien definidos. Aunque tenía algunas cicatrices en el pecho y el abdomen, eso solo lo hacía verse más atractivo, más salvaje.
¡Uf! Una ola de calor me recorrió el c