Su voz no sonaba ni enojada ni alterada, era tranquila, pero podía dejar a cualquiera tenso.
Camila sonaba a punto de llorar:
—Mateo —dijo, con ese tono meloso que parecía querer derretirlo.
Si no fuera por lo malvada que era, solo con esa voz podría volver loco a cualquier hombre.
Pero en la cara de Mateo no había ni un rastro de emoción.
—Si no tienes nada más que decir, cuelga —dijo con seriedad.
—Espera, Mateo... —dijo rápido, con voz llorosa—. Todos estos años fueron tan duros para ti. Ante