Miré a Valerie con admiración. Después de pasar tanto tiempo al lado de la víbora de Camila, había aprendido algunas cosas de ella.
—¡Ya basta, Valerie! ¡A nadie le gusta tu sarcasmo! —Carlos le gritó furioso.
Valerie puso los ojos en blanco.
—Solo estoy hablando bien de tu novia por sacrificarse por los demás. ¿Por qué te enojas?
—¡Valerie! —Carlos gritó.
—¡Carlos! —con fastidio, lo interrumpí—. ¿Ni siquiera se puede halagar a tu novia? ¿Qué pasa? ¿Es una diosa de la que no se puede ni hablar?