Capítulo 1016
La gente no paraba de entrar y salir del hospital. A un lado de la calle, vi estacionada una camioneta negra.

La reconocí de inmediato: era de Mateo.

Mi corazón dio un vuelco.

Me limpié las lágrimas y corrí hacia allí.

Él aún no se había ido, seguía esperándome. Eso significaba que todavía había una oportunidad, ¿no?

Abrí la puerta del asiento del copiloto y vi que estaba apoyado sobre el volante.

No se movía; aun así, todo su cuerpo se veía rígido. El ambiente dentro del carro era sofocante, ll
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