Bajó las manos, y sus ojos rojos se clavaron en mí.
—Ese día dije que, pasara lo que pasara, nunca me arrepentiría de haberte conocido... pero ahora sí me arrepiento...
Un dolor agudo me atravesó el pecho.
Él dijo, con una sonrisa triste:
—Si no me hubieras conocido, seguro... seguro que hoy serías más feliz. Ahora que lo pienso, de verdad solo te traje sufrimiento...
—¡No! —grité entre lágrimas, con el corazón hecho pedazos.
Mateo me miró y empezó a retroceder poco a poco.
—Aurora, me arrepient