Gael
El silencio en la cocina era tan denso que podría cortarse con un cuchillo. Mi madre, con su postura perfecta y su mirada de hielo, observaba a Aurora como si fuera un insecto que había osado entrar en su inmaculado hogar. Aurora, por su parte, mantenía la barbilla alta, pero podía ver el ligero temblor en sus manos que intentaba disimular.
—Así que tú eres la chica que ha estado distrayendo a mi hijo —dijo mi madre con ese tono suyo que sonaba educado pero escondía veneno puro.
Apreté la