34. Buena noticia

A mediodía, el hambre los impulsó a reunirse en la cocina. Alba entró en la casa con la ropa pegada al cuerpo, las manos rojas, un mechón de pelo rebelde escapando de su coleta y además, revuelto. Ella preparó un plato de pasta con tomate y albahaca, un clásico sencillo pero reconfortante.

Jaxon, cubierto de polvo y con las manos manchadas de grasa, entró en la cocina con una expresión que reflejaba el cansancio.

—Madre mía, ¿no hay un club de fans del estiércol? —murmuró dejando caer su cuerpo
Furukawa

¡Uy! Espontáneas muestras de cariño...

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