35. Memorias
Se despidieron con un rápido “nos vemos” y cada uno volvió a sus tareas. Jaxon se dirigió al establo, donde se pasó la tarde limpiando y organizando; y casi por la noche, volvió a llamar a Laura a la librería, para saber cómo iban las cosas.
—Todo bien, Jaxon. Ya sabes, lo de siempre. Muchos clientes, pocos libros —contestó Laura con su habitual tono divertido.
—Me alegro de oírlo. Cuídate mucho, Laura; y por favor, no quemes la librería —finalizó Jaxon antes de colgar el teléfono.
Mientras tan