24. Locura de amor
Jaxon se quedó en el pasillo, sonriendo con perversidad y satisfacción, había conseguido incomodarla.
Alba se duchó, intentando procesar lo que acababa de suceder, porque la asustaba y la emocionaba a partes iguales.
Cuando salió del baño, ya vestida, encontró a Jaxon esperándola en la cocina, preparando café.
―¿A dónde vas ahora? ―le preguntó con una sonrisa divertida.
―A la quesería. Necesito mi rutina ―respondió Alba, apresurada.
―¿Y después? ―volvió a preguntar Jaxon con una mirada intensa