25. Verdades a medias
Cuando él llegó al departamento, la vio salir por la puerta luciendo una sonrisa y un vestido rojo que la hacían lucir radiante, un brillo que a Jaxon le provocó una calidez inesperada.
—Llegas tarde, librero —dijo Alba con su habitual sarcasmo, pero con un resplandor en los ojos que delataba su buen humor.
—Las musas tardan, Alba; y tú, con ese vestido, eres mi musa esta noche —respondió Jaxon guiñándole un ojo, y provocando que la sonrisa de ella se ampliara en su rostro.
Ambos se dirigieron