El parpadeo rojo y azul de las patrullas se iba perdiendo a lo lejos. Jayden, parado frente al ventanal, manoseaba sin darse cuenta la memoria USB que Milena le había entregado.
No se sabía qué estaba pasando por su cabeza, pero en el fondo de su mirada se veía que traía un tormentón.
—Señor Franco, ya quedó todo —le avisó su asistente en voz baja, rompiendo el silencio.
Jayden ni se movió. Nomás soltó un "ajá" cortante sin voltear a verlo. El asistente dudó un segundo, pero le ganó la curiosid