—Fue un gusto hacer negocios con usted.
—Igualmente.
Milena soltó una sonrisa ligera y levantó su taza de té. Jayden hizo lo mismo y chocaron las tazas en un brindis que no necesitaba palabras.
Después de eso, el despacho se quedó en un silencio total, donde nomás se oía el ruidito de la porcelana.
Jayden se paró sin ninguna prisa y caminó hacia el ventanal. Le dio la espalda a Milena, para que no le viera ni un solo gesto.
—Señora Fonseca, hay algo que me trae dando vueltas y me gustaría pregu