Iván la recostó con cuidado en la cama y, de un movimiento rápido, se puso sobre ella, dejándola sin escapatoria entre sus brazos.
Sus ojos profundos la recorrían por completo, con un brillo que no ocultaba para nada lo mucho que la deseaba.
Al ver que la cosa iba en serio, Raina le puso las manos en el pecho para intentar frenarlo.
—Iván, espera... de verdad, los archivos... todavía no termino...
Él se acercó todavía más, rozando su nariz con la de ella, y le habló con esa voz ronca:
—Señora H