Por más que intentó hacerse el de piedra, a Hugo le empezaron a bailar las manos al ver que su hijo estaba de vuelta.
—Hijo... por poquito y no la cuentas. Casi nos matas del susto —dijo con la voz entrecortada.
Fiona entró pegadita a él. Al ver a su hermano con los ojos abiertos, se quedó helada, sin poder creerlo.
Esa habitación que se sentía tan gris de pronto cobró vida con tanta gente. Julieta, sin decir ni una palabra, se quedó en un rincón mirando la escena, pero no pudo evitar que se le