La tensión en el salón se podía cortar con un cuchillo. La torre de champaña seguía ahí, intacta, y los bocadillos se veían perfectos en las bandejas, pero a todo el mundo se le había quitado el hambre.
La gente se amontonaba por todos lados para sacarle el cuero a los Fonseca, barriéndolos de arriba abajo con la mirada.
Lo que iba a ser una noche de gloria terminó en un completo papelón. Para Nelson y Milena, la humillación fue total... hasta a los empleados les daba pena ajena estar ahí.
Nel