—¡Raina! Te ves un poco pálida —dijo Lucas levantando la voz, con una preocupación más falsa que nada.
Juan, siguiéndole el juego, le acercó un vaso con agua.
—Toma un poco, hermana. Te va a hacer bien.
A Raina se le revolvió el estómago con ese cambio tan repentino.
Al ver que Nelson se acercaba, entendió de inmediato por qué los "hermanitos" se habían vuelto pura dulzura en un segundo.
—Raina, ¿cómo va la charla con tus hermanos? —preguntó Nelson con una sonrisa de oreja a oreja. Los miraba