—¿Señor Herrera? —Sofía le pasó la mano por frente de la cara, luciendo unas uñas con un rojo impecable—. Usted mismo pidió esto. Si no se lo come ya, se le va a enfriar.
Iván quitó la vista de la otra mesa de mala gana.
—Que se enfríe, ya me da igual.
Sofía soltó una risita maliciosa mientras cortaba su comida con calma.
—Por fin entiendo por qué el gran Iván Herrera, el que nunca invita a nadie, de pronto me buscó para cenar. Resulta que solo me quería para hacerle la segunda.
Iván mantuvo l