Raina sabía que estaba herido. Ya lo había visto por la pantalla, pero tenerlo así de cerca era otro cuento.
Las marcas se veían mucho peor de lo que imaginaba, mucho más reales.
"Puro teatro para las cámaras", pensó ella, "¿pero se le pasó la mano de verdad?"
A Raina se le apretó el corazón por un segundo. Fue un instinto que no pudo frenar. Iván, dándose cuenta de cómo lo miraba, soltó un quejido casi mudo:
—Me duele un montón.
Al oírlo, ella levantó la vista y lo fulminó con la mirada.
—Te