Raina entendía perfectamente lo que estaba en juego, pero la presión la estaba asfixiando. Iván estaba con el agua al cuello y, aun así, le había confiado su secreto más importante solo a ella.
Era una muestra de confianza absoluta, una forma de poner su vida en sus manos que ni siquiera compartía con sus papás.
Sin embargo, ella no podía evitar pensar que, en el fondo, él seguía enamorado de otra. Sabía que era una cursilería ponerse a pensar en líos amorosos en un momento tan crítico, pero no