Cuando Diego vio aparecer a Iván, solo pudo pensar en una palabra: imponente.
Diego se consideraba un tipo atractivo, pero al lado de Iván, sentía que pasaba a ser del montón.
El hombre tenía el brazo herido, sí, pero eso no le quitaba ni un gramo de estilo. Al contrario, llevar el saco sobre los hombros, como si fuera una capa, le daba un aire de patrón que le quedaba de maravilla.
En resumen, el tipo era un espectáculo: guapo a morir y con una presencia que intimidaba a cualquiera.
—¿No debe